
Saludo a tu cuerpo como frutas nuevas
que recibo como un vino recolectado de tus uvas.
Desde mi cama siento el vaho de tu respiración,
y como mil alfileres incandescentes siento tocarte lejano.
Allí te acercas como tolondras, corderas por el valle
y por las aceras más próximas,
allí te lleva el gondolero con su embarcación de promesas,
de besos mentirosos pero fieles.
Allí me alumbras como velas de cera vieja y derretida.
Estoy alegre de que hoy pueda tocarte,
de que me dejes entrar en tu mirada, eternamente como mira el sol
a espigas de trigo tostadas y volteadas por el oleaje del viento,
así tronchan su escote como tú, y lo desvelan, y lo descubren.
Como haces tú con tu vestimenta ajada que me parodia
la ropa hilada por agujas de relojes prudentes,
como el martillo que golpea en tu pecho palpitante.
Así te veo, con alas de querubín libertario y acosado.
¡Ah, juega conmigo a ser el oro del alfarero,
déjame que pinte lo que con cincel forjé para ser hombre!
Oh, deja que mi arma sea el pincel y tú mi obra más ambiciosa.
Deja por un segundo que consiga mis duras añoranzas.
Deja que seamos uno solo.
***
que recibo como un vino recolectado de tus uvas.
Desde mi cama siento el vaho de tu respiración,
y como mil alfileres incandescentes siento tocarte lejano.
Allí te acercas como tolondras, corderas por el valle
y por las aceras más próximas,
allí te lleva el gondolero con su embarcación de promesas,
de besos mentirosos pero fieles.
Allí me alumbras como velas de cera vieja y derretida.
Estoy alegre de que hoy pueda tocarte,
de que me dejes entrar en tu mirada, eternamente como mira el sol
a espigas de trigo tostadas y volteadas por el oleaje del viento,
así tronchan su escote como tú, y lo desvelan, y lo descubren.
Como haces tú con tu vestimenta ajada que me parodia
la ropa hilada por agujas de relojes prudentes,
como el martillo que golpea en tu pecho palpitante.
Así te veo, con alas de querubín libertario y acosado.
¡Ah, juega conmigo a ser el oro del alfarero,
déjame que pinte lo que con cincel forjé para ser hombre!
Oh, deja que mi arma sea el pincel y tú mi obra más ambiciosa.
Deja por un segundo que consiga mis duras añoranzas.
Deja que seamos uno solo.
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