
Galopa la yegua pisando su hálito.
Hembra muda de amor,
levanta tus brazos más allá de donde nace la lluvia,
más allá del cerro donde aletean los ruiseñores.
El gitano viaja en su caravana
también la gitana,
un vals bailamos: quiero enseñarte a bailar todo lo que exista...
Quiero que salgas de tu cascarón
así yo te daré mi cinturón de abrazos púrpura.
“Tagore me enseñó a aprecia contigo el ocaso,
Shakespeare me enseñó a observarte, doncella mía,
Machado y Hernández, a cuidarte
y Quevedo me recordó como odiarte y fantasear
pero ninguno de ellos me dijo
una cosa que solo tú conoces como nadie
y es el amor,
del que Bécquer tanto habló”.
Las aguas del río cantan conmigo que tu belleza es veneno,
es una posesión tóxica que invade mis venas y mis huesos.
Tu sonrisa anula mi mente...
mi anhelado pensamiento de pasión y locura.
Eres mi amiga ausente y delgada como los abismos,
estás en la boca de las cuevas, en mis ventanas
escrito tu nombre en un anillo de novios
pareciendo falsamente inquebrantable.
***
Hembra muda de amor,
levanta tus brazos más allá de donde nace la lluvia,
más allá del cerro donde aletean los ruiseñores.
El gitano viaja en su caravana
también la gitana,
un vals bailamos: quiero enseñarte a bailar todo lo que exista...
Quiero que salgas de tu cascarón
así yo te daré mi cinturón de abrazos púrpura.
“Tagore me enseñó a aprecia contigo el ocaso,
Shakespeare me enseñó a observarte, doncella mía,
Machado y Hernández, a cuidarte
y Quevedo me recordó como odiarte y fantasear
pero ninguno de ellos me dijo
una cosa que solo tú conoces como nadie
y es el amor,
del que Bécquer tanto habló”.
Las aguas del río cantan conmigo que tu belleza es veneno,
es una posesión tóxica que invade mis venas y mis huesos.
Tu sonrisa anula mi mente...
mi anhelado pensamiento de pasión y locura.
Eres mi amiga ausente y delgada como los abismos,
estás en la boca de las cuevas, en mis ventanas
escrito tu nombre en un anillo de novios
pareciendo falsamente inquebrantable.
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