
¡Tachán! ¡No estoy muerto! Ni vivo, que más da. Prefiero medirme sobre momentos, circunstancias, que en algo tan ambiguo y abstracto como la vida o la muerte.
Hace un tiempo escribí "Temo a las camas de gran cabecero porque en ellas se desnuda el verdadero sentido del amor, (transformándose en soledad)."
Hoy hubiese escrito "... en realidad." Porque sí, porque no hay nada más real que la soledad misma. Seamos francos, siempre nos sentimos solos en algún aspecto.
Y esa no es la razón misma del miedo, es un elemento que confiere parte del resultado.
Razón de más para que, cada cierto tiempo, lancen a la palestra innovadoras redes sociales dispuestas a competir con el calor humano y paliar el auténtico sentido de 'comunidad'.
Soledad clínica, soledad epistemológica. Que pregunten a los sociólogos porqué me abruma vivir en público... o a un biólogo o antropólogo si tengo un trastorno de adaptación al medio. No dejo de ser parte de la especie más virulenta de nuestro planeta.
En mi caso es difícil, padre de una gran familia, heredero de pocos casi nulos caprichos, pero siempre hay algo. Puedes tener una pareja, con un correcto nivel de espacio, divertirte, conocer algo nuevo... puedes compartirlo todo, comprenderlo todo, o pasar de todo. Pero siempre hay soledad en algún rincón. Para luego destilarse en telarañas de papel...
Creo que cuando estamos enamorados, existimos como... como en un sueño inducido, que al desenamorarnos, adquirimos un nivel mayor de consciencia. Es una paradoja extraña, porque no se si es más intenso el torrente que despierta la ebriedad de emociones de sentirse desenamorado, o sentirse amado. Sea como fuere, es común decir que TU TE enamoras, pero que ALGUIEN TE desenamora.
No obstante, a mi me sucede exactamente al revés. Pronto desfocalizo el interés. Y más pronto aún, lo pongo en otro sitio.
No es un síndrome de déficit de atención ni nada parecido, es que tengo una curiosa facilidad de escrutinio que me impide encariñarme de nuevos descubrimientos, pero que a su vez falla constantemente, implicando que dedique demasiado a aquello que no lo merece.
Quizá la soledad se inventó como medio para acudir al antónimo, como las gripes. No me refiero a la palabra en sí, si no al concepto... ¿es posible que se sintiera sola aquella hembra del grupo que se quedaba en la cueva en vez de salir a cazar? ¿Realmente necesitaban inventar la teletienda, destilar licores o quemar plantas alucinógenas?
... O fue un error en el camino, probando encontrar la felicidad en vez de la compañía de los semejantes. La curiosidad mató al mono.
He leído sobre las personas que alimentan su necesidad - su carentĭa - con animales. Pero tienden a obsesionarse, amando sus vidas como hijos paridos de sus entrañas. No es que esté siendo frívolo, es que me repelen los zoofílicos. Vaya, me ha quedado un chiste un tanto grotesco. Pido disculpas.
"La más feliz de todas las vidas es una soledad atareada." Puede ser eso. O no.
"El talento se nutre mejor en la soledad." Recuerdo escribir "Si me doy al abandono, todas las voces de mis versos serán solo un silencio". Acaso el eco rebotado contra muros viejos garabateados con pancartas de publicidad. Pero ahora no soy tan egocéntrico, recurrente mal común que ha debilitado mi propia autoestima, moldeándome como una endeble marioneta cobarde con planes que nunca llegarán a ejecutarse.
Dijo Goethe:
"La soledad, si bien puede ser silenciosa como la luz, es, al igual que la luz, uno de los más poderosos agentes, pues la soledad es esencial al hombre. Todos los hombres vienen a este mundo solos y solos le abandonan."
Bah, Goethe era nefasto, era el tipo más raro de su familia... Siempre lo he leído con cariño, conozco su obra al detalle... pero tratar con alguien tan 'completo', seguramente solo te haría sentir inquieto. Que le pregunten a Newton sino.
También leí algo así como, "Nunca he encontrado un compañero que hiciera tanta compañía como la soledad." Otra extraña paradoja. No cubre mis expectativas, no vivo en el siglo XVI.
Pues ale, voy a tomarme unas vacaciones con ella, a ver si las copas corren de su cuenta, que con la crisis no tengo ni para el mojito de turno.
Hace un tiempo escribí "Temo a las camas de gran cabecero porque en ellas se desnuda el verdadero sentido del amor, (transformándose en soledad)."
Hoy hubiese escrito "... en realidad." Porque sí, porque no hay nada más real que la soledad misma. Seamos francos, siempre nos sentimos solos en algún aspecto.
Y esa no es la razón misma del miedo, es un elemento que confiere parte del resultado.
Razón de más para que, cada cierto tiempo, lancen a la palestra innovadoras redes sociales dispuestas a competir con el calor humano y paliar el auténtico sentido de 'comunidad'.
Soledad clínica, soledad epistemológica. Que pregunten a los sociólogos porqué me abruma vivir en público... o a un biólogo o antropólogo si tengo un trastorno de adaptación al medio. No dejo de ser parte de la especie más virulenta de nuestro planeta.
En mi caso es difícil, padre de una gran familia, heredero de pocos casi nulos caprichos, pero siempre hay algo. Puedes tener una pareja, con un correcto nivel de espacio, divertirte, conocer algo nuevo... puedes compartirlo todo, comprenderlo todo, o pasar de todo. Pero siempre hay soledad en algún rincón. Para luego destilarse en telarañas de papel...
Creo que cuando estamos enamorados, existimos como... como en un sueño inducido, que al desenamorarnos, adquirimos un nivel mayor de consciencia. Es una paradoja extraña, porque no se si es más intenso el torrente que despierta la ebriedad de emociones de sentirse desenamorado, o sentirse amado. Sea como fuere, es común decir que TU TE enamoras, pero que ALGUIEN TE desenamora.
No obstante, a mi me sucede exactamente al revés. Pronto desfocalizo el interés. Y más pronto aún, lo pongo en otro sitio.
No es un síndrome de déficit de atención ni nada parecido, es que tengo una curiosa facilidad de escrutinio que me impide encariñarme de nuevos descubrimientos, pero que a su vez falla constantemente, implicando que dedique demasiado a aquello que no lo merece.
***
Quizá la soledad se inventó como medio para acudir al antónimo, como las gripes. No me refiero a la palabra en sí, si no al concepto... ¿es posible que se sintiera sola aquella hembra del grupo que se quedaba en la cueva en vez de salir a cazar? ¿Realmente necesitaban inventar la teletienda, destilar licores o quemar plantas alucinógenas?
... O fue un error en el camino, probando encontrar la felicidad en vez de la compañía de los semejantes. La curiosidad mató al mono.
He leído sobre las personas que alimentan su necesidad - su carentĭa - con animales. Pero tienden a obsesionarse, amando sus vidas como hijos paridos de sus entrañas. No es que esté siendo frívolo, es que me repelen los zoofílicos. Vaya, me ha quedado un chiste un tanto grotesco. Pido disculpas.
"La más feliz de todas las vidas es una soledad atareada." Puede ser eso. O no.
"El talento se nutre mejor en la soledad." Recuerdo escribir "Si me doy al abandono, todas las voces de mis versos serán solo un silencio". Acaso el eco rebotado contra muros viejos garabateados con pancartas de publicidad. Pero ahora no soy tan egocéntrico, recurrente mal común que ha debilitado mi propia autoestima, moldeándome como una endeble marioneta cobarde con planes que nunca llegarán a ejecutarse.
Dijo Goethe:
"La soledad, si bien puede ser silenciosa como la luz, es, al igual que la luz, uno de los más poderosos agentes, pues la soledad es esencial al hombre. Todos los hombres vienen a este mundo solos y solos le abandonan."
Bah, Goethe era nefasto, era el tipo más raro de su familia... Siempre lo he leído con cariño, conozco su obra al detalle... pero tratar con alguien tan 'completo', seguramente solo te haría sentir inquieto. Que le pregunten a Newton sino.
También leí algo así como, "Nunca he encontrado un compañero que hiciera tanta compañía como la soledad." Otra extraña paradoja. No cubre mis expectativas, no vivo en el siglo XVI.
Pues ale, voy a tomarme unas vacaciones con ella, a ver si las copas corren de su cuenta, que con la crisis no tengo ni para el mojito de turno.
***


























*

2 Ida(s) De Olla:
Es extraño querer presionar cada tecla para expresar algún pensamiento y temer a hacerlo, tal vez a veces quiero que todo quede aquí dentro y no haya evidencia alguna de lo que ha pasado o pasa por mi mente en ciertos momentos o de lo que puedo sentir y los vacios de mi estómago cuando la soledad me abraza tan fuerte que no logro zafarme o el silencio me aturde hasta no poder escuchar. Fue difícil lograr este momento, amo escribir pero cada vez que lo intento siento…
No entiendo cuanto valgo, o no valgo lo que siento, tal vez un engaño a lo que realmente pienso, me arrastran aquellas mentes cerradas, me dicen que la belleza se manifiesta de una manera cuando se que no es cierto, cuando el agua puede ser bella no solo por su transparencia sino por lo refrescante. Me engaño cuando intento “adornar” este traje que cubre órganos, tejidos, venas, huesos, sangre. Me engaño cuando intento ser interesante, cuando se que el interés que puedo provocar en los demás puede depender únicamente de mis pestañas, de un saludo o de mi silencio, pero me agobia, me entristece, me atormenta, a veces, no sentirlo, no verme amada o tal vez deseada, no sentirme atacada por los teléfonos, los correos o las cartas inclusive en algunos momentos por las miradas. En el fondo no quiero usar recurso alguno, simplemente ser y estar, habitar y sonreír, solo que parece q es la soledad la única que logra enamorarse de esto, la única para la q no valen adornos ni son necesarias palabras halagadoras o tontas y menos las máscaras que habitualmente se encuentran en las calles.
Soy una mujer, o tal vez no, mejor un ente, un ser viviente, habitante de este loco mundo que se siente mas sensible cada vez, que lucha contra aquello que ve injusto pero finalmente termina mezclada entre la injusticia, que se contradice en cada momento, que no sabe ser mujer, que quiere encontrar el príncipe el de su propio cuento de hadas, la ame sin besarla y la desee sin mirarle, que disfrute escucharla o con sentir cómo palpita su corazón, que logre encontrar y descifrar el mensaje de esa mirada a veces perdida, que intenta vestirse de alegría, con ojos que empiezan a acostumbrarse a lágrimas con las que no se topaban hace algún tiempo porque aquel corazón luchaba contra la sensibilidad y el dolor pero ahora quiere rendirse aunque aun intente que nadie lo note.
A veces es bueno sentirse en el mundo de las maravillas, verlo todo tan mágico, tan posible, tan amarillo, tan lleno de luz y con sabor a chocolate y ese es el mundo que empiezo a vivir pero al que no quiero acostumbrarme tanto para que la realidad no se olvide de mi y en algún momento piense en la posibilidad de regalarme una gota de lo que me hace falta.
Envío esto aunque no se con que intensión… Probablemente que lo sepa un ser viviente con nariz y orejas diferente al vacío.
Para nadie, para nada.
Es extraño querer presionar cada tecla para expresar algún pensamiento y temer a hacerlo, tal vez a veces quiero que todo quede aquí dentro y no haya evidencia alguna de lo que ha pasado o pasa por mi mente en ciertos momentos o de lo que puedo sentir y los vacios de mi estómago cuando la soledad me abraza tan fuerte que no logro zafarme o el silencio me aturde hasta no poder escuchar. Fue difícil lograr este momento, amo escribir pero cada vez que lo intento siento…
No entiendo cuanto valgo, o no valgo lo que siento, tal vez un engaño a lo que realmente pienso, me arrastran aquellas mentes cerradas, me dicen que la belleza se manifiesta de una manera cuando se que no es cierto, cuando el agua puede ser bella no solo por su transparencia sino por lo refrescante. Me engaño cuando intento “adornar” este traje que cubre órganos, tejidos, venas, huesos, sangre. Me engaño cuando intento ser interesante, cuando se que el interés que puedo provocar en los demás puede depender únicamente de mis pestañas, de un saludo o de mi silencio, pero me agobia, me entristece, me atormenta, a veces, no sentirlo, no verme amada o tal vez deseada, no sentirme atacada por los teléfonos, los correos o las cartas inclusive en algunos momentos por las miradas. En el fondo no quiero usar recurso alguno, simplemente ser y estar, habitar y sonreír, solo que parece q es la soledad la única que logra enamorarse de esto, la única para la q no valen adornos ni son necesarias palabras halagadoras o tontas y menos las máscaras que habitualmente se encuentran en las calles.
Soy una mujer, o tal vez no, mejor un ente, un ser viviente, habitante de este loco mundo que se siente mas sensible cada vez, que lucha contra aquello que ve injusto pero finalmente termina mezclada entre la injusticia, que se contradice en cada momento, que no sabe ser mujer, que quiere encontrar el príncipe el de su propio cuento de hadas, la ame sin besarla y la desee sin mirarle, que disfrute escucharla o con sentir cómo palpita su corazón, que logre encontrar y descifrar el mensaje de esa mirada a veces perdida, que intenta vestirse de alegría, con ojos que empiezan a acostumbrarse a lágrimas con las que no se topaban hace algún tiempo porque aquel corazón luchaba contra la sensibilidad y el dolor pero ahora quiere rendirse aunque aun intente que nadie lo note.
A veces es bueno sentirse en el mundo de las maravillas, verlo todo tan mágico, tan posible, tan amarillo, tan lleno de luz y con sabor a chocolate y ese es el mundo que empiezo a vivir pero al que no quiero acostumbrarme tanto para que la realidad no se olvide de mi y en algún momento piense en la posibilidad de regalarme una gota de lo que me hace falta.
Envío esto aunque no se con que intensión… Probablemente que lo sepa un ser viviente con nariz y orejas diferente al vacío.
Para nadie, para nada.
Publicar un comentario en la entrada