quiero hacer una columna de letras en el humo del limbo
señales cruzadas que acaricien tu piel.
Te llamé desde el puerto del marinero con el ancha echada,
en luna llena lloraron los ángeles sobre la cubierta de mi alma.
Tu rostro es pálido, más que este lucero de plata
en una tela bruna y azul donde se pintan fracciones de acero
blancas y luminosas como los destellantes humores de tus labios,
brasas estivales que danzan y llamean ante mi cuello.
Eres una mujer hermosa
amapola en la primavera...
una espalda fémina unida a una suave cintura.
No podría permitirme dejarte,
no podría dejar de amar tu mirada esmeralda
aunque te escapes al final del mundo, más allá del poniente.
Porque tu me diste la vida, dialéctica madre,
y curaste mi descosido espíritu, errante e incrédulo,
cicatrizando también un corazón
atravesado por una bandada de lanzas oxidadas del Cupido...
y ensordecido por un campanario inmenso.
***
señales cruzadas que acaricien tu piel.
Te llamé desde el puerto del marinero con el ancha echada,
en luna llena lloraron los ángeles sobre la cubierta de mi alma.
Tu rostro es pálido, más que este lucero de plata
en una tela bruna y azul donde se pintan fracciones de acero
blancas y luminosas como los destellantes humores de tus labios,
brasas estivales que danzan y llamean ante mi cuello.
Eres una mujer hermosa
amapola en la primavera...
una espalda fémina unida a una suave cintura.
No podría permitirme dejarte,
no podría dejar de amar tu mirada esmeralda
aunque te escapes al final del mundo, más allá del poniente.
Porque tu me diste la vida, dialéctica madre,
y curaste mi descosido espíritu, errante e incrédulo,
cicatrizando también un corazón
atravesado por una bandada de lanzas oxidadas del Cupido...
y ensordecido por un campanario inmenso.
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